LOS HIJOS PROPIOS
CARTA COMUN

Para vivir
me he guardado
tus ojos de paloma,
tus labios,
mi pecho entre retamas,
mi beso de azul salvaje
en tu cielo.

Estoy ahora andando
la Calle Real polvorienta,
entre vientos y silencio.

Nadie puede hablarme de ti,
de tu uniforme colegiala,
de tu clara frente y tu sonrisa.

Mañana,
si topas mis caminos,
me verás en sombras;
no estarán jamás mis ojos
ni mis palabras.
Seré el que te quiso
sin llorarte,
seré tu alegría
ya lejana.
HISTORIA

En el inicio de los tiempos
todos los días eran buenos.
Todo era suficiente y aun la luz
          distinta.
También los himnos vigorosos y profundos.
La tierra desbordaba en frutos...
Los quichés escribieron la Biblia americana.
Nuestros padres engrandecieron el Imperio
y Pachacútec puso la bandera en el continente.

Después vinieron otros dioses,
nos quitaron los días,
nos pusieron otros nombres y apellidos.
Desde Colón, los que vinieron
plasmaron sus errores:
Nuestro mundo de vasta historia
fue considerado Nuevo Mundo;
los días se dividieron en santos y profanos.
Se fue escribiendo otra historia,
generalmente a voluntad de unos pocos.

Pero nuestro tiempo fue avanzando.
El latido del corazón se fue haciendo
fuerte y firme.
Se retomaron las canciones de los abuelos,
también sus modos de vivir y de alimentarse.
Como era necesario,
fuimos al rescate de nuestros días:
Los fuimos enalteciendo.
Ahora, los domingos,
humanamente dignos,
nos pertenecen.
TORRE TORRE

Subirse a mitad del tiempo
significa
la confusión de las tardes
o tal vez
de las mañanas.
Significa
mirarte desde lejos:
Torre-Torre nativo,
campanas de mariposa,
cúpulas de aire,
arbol de la distancia,
callada mutación del rostro,
ausencia.
MARIA

Con sus diecisiete años y su ilusión enorme
está María cantándole a Changó, a Lucumí...

De Oriente a Occidente,
con sus pies de ángel y su mirada de eternidades.
María y su tierra,
María y su mar,
María y su cielo.
Con la sangre a flor de tiempo y de piel,
suavidad de palma,
suavidad de agua,
suavidad de sueño.

Y María, dulce y bella,
siempre en su puesto de trabajo.
VILLA VIGIA

Es tan grácil la palmera,
con los últimos sueños
de Ernest Hemingway.

Tan grácil la gacela,
tan vivientes el león y el leopardo,
como los quiso siempre, en gran safari,
Hemingway, Ernest Hemingway.

Aquí también, guardando delirios
El viejo y el mar, en su edición primera.

Desde la blanca torrecilla de Villa Vigía,
un paisaje amplio de Ciudad de La Habana,
donde La Bodeguita del Medio,
entre el daiquirí y el mojito,
aguarda la llegada
de Ernest Hemingway.

Mientras,
en la extraordinaria calma de Villa Vigía,
la eternidad acuna
un pedazo de cielo.
ECOLOGIA

¿Acaso tiene la vida mejor modo que la sonrisa plena de los niños?
¿Acaso no es bello el mundo si a plenitud del viento tiene paz el corazón del hombre?

                    Ensueño..., realidad..... y gozo...

Y están los niños, miles de niños que van y vienen,entre la belleza de los corales,
          reconociéndolos, aprendiendo a  quererlos:
Peces de la India, peces del Africa, de Europa,
          de la propia América.
          Luego, mamá foca, tan querida,
llevando la pelota para el más pequeño de los niños,
          bajo el jolgorio de los delfines:
          El Planeta vive, aún vive, mas allá del mal.
NEPTUNO

          No nos grites en los labios, tu garganta profana - sed de voces
genitales y fiebre íntima de goces elementales -, no nos grites
          si no logras - esta noche -, con los demás, adorar de vientre,
ardida y descabellada, al dios de los mares.
          Deja que héroes brutales - los que ya estrenaron laúdes
y epitalamios, los que no entornan ojos tristes a su derecha
o a su izquierda- , palpen otros vientres y fiebres íntimas,por el dios
de los mares.
          Cavilo tu reclamo: que el trópico amalgama tu senos, tu sed
en marcha de jadeos triunfantes. Que el sabor más alto tiene
de blanda muralla los músculos cercanos.
          Cavilo que, entonces , tu lecho será clamor divino, que el fuego
o la nieve nutrirán tu sueño, que lamerás pulmones, lamerás sábanas,
          mujer como la mar inmensa,
          siempre cantando óvulos eternos.
          Cavilo que, sin Neptuno contigo, esta suerte restriega la cópula
al silencio.
          Por el acaso, a la hora del entendimiento, toma mi padrenuestro
y calla.